BURKINI
Dos meses después de que 65 diputados franceses lanzaron un movimiento contra el uso de la burka, un nuevo episodio volvió a provocar esta semana la indignación de la comunidad musulmana, que cada vez se siente más víctima del racismo y la xenofobia en Europa.
La última de esas polémicas se originó el 1° de agosto en la pequeñísima comuna de Emerainville, en las afueras de París, cuando una musulmana de 35 años no pudo bañarse en la pileta municipal porque no vestía un traje de baño occidental.
La prenda utilizada por la musulmana, llamada "burkini" en los países árabes, es un bañador especialmente diseñado para mujeres musulmanas que sólo deja al descubierto parte de la cara, las manos y los pies. Salió al mercado en Australia, donde fue todo un éxito; en un mes se vendieron 9.000 unidades a un precio de unos 100 €. El nombre es un acrónimo de burka y biquini y se asemeja bastante a la ropa que usaban las europeas a fines del siglo XIX cuando iban al mar: calzas hasta los tobillos y, por encima, un vestido de mangas largas, suelto, que llega a las rodillas, y una capucha integrada que hace las veces de pañuelo islámico.
Para las autoridades de Emerainville, el episodio no tuvo nada que ver con la segregación. Desde hace meses, por razones de higiene, las disposiciones que reglamentan las piletas municipales de Francia prohíben bañarse con cualquier tipo de prenda que no sea un traje de baño elástico y perfectamente ajustado al cuerpo, tanto para mujeres como para hombres.
Los responsables de MRAP no están sorprendidos. "La ley que prohibió el uso del pañuelo islámico en la escuela en 2004 abrió la caja de Pandora", estima Mouloud Aounit, presidente de la organización. Para Aounit, este nuevo episodio conseguirá estigmatizar todavía más a los 5 millones de musulmanes que viven en Francia.
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El episodio del "burkini" en Francia parece confirmar los últimos informes de la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa, que subrayan la persistencia de actitudes "preocupantes" en el seno de la Unión Europea (UE).
La última de esas polémicas se originó el 1° de agosto en la pequeñísima comuna de Emerainville, en las afueras de París, cuando una musulmana de 35 años no pudo bañarse en la pileta municipal porque no vestía un traje de baño occidental.

La prenda utilizada por la musulmana, llamada "burkini" en los países árabes, es un bañador especialmente diseñado para mujeres musulmanas que sólo deja al descubierto parte de la cara, las manos y los pies. Salió al mercado en Australia, donde fue todo un éxito; en un mes se vendieron 9.000 unidades a un precio de unos 100 €. El nombre es un acrónimo de burka y biquini y se asemeja bastante a la ropa que usaban las europeas a fines del siglo XIX cuando iban al mar: calzas hasta los tobillos y, por encima, un vestido de mangas largas, suelto, que llega a las rodillas, y una capucha integrada que hace las veces de pañuelo islámico.
Para las autoridades de Emerainville, el episodio no tuvo nada que ver con la segregación. Desde hace meses, por razones de higiene, las disposiciones que reglamentan las piletas municipales de Francia prohíben bañarse con cualquier tipo de prenda que no sea un traje de baño elástico y perfectamente ajustado al cuerpo, tanto para mujeres como para hombres.
Los responsables de MRAP no están sorprendidos. "La ley que prohibió el uso del pañuelo islámico en la escuela en 2004 abrió la caja de Pandora", estima Mouloud Aounit, presidente de la organización. Para Aounit, este nuevo episodio conseguirá estigmatizar todavía más a los 5 millones de musulmanes que viven en Francia.
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El episodio del "burkini" en Francia parece confirmar los últimos informes de la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa, que subrayan la persistencia de actitudes "preocupantes" en el seno de la Unión Europea (UE).















