• Un sesgo cultural sostiene que los hombres no pueden ser víctimas. Los hombres se espera que sean seguros, informados, y agresivo. Para ser víctima significa que uno es un hombre inadecuado.
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lunes, 24 de mayo de 2010
¿Por qué los machos no revelan una violación?
• Un sesgo cultural sostiene que los hombres no pueden ser víctimas. Los hombres se espera que sean seguros, informados, y agresivo. Para ser víctima significa que uno es un hombre inadecuado.
domingo, 8 de marzo de 2009
Bandas xenófobas
Bandas xenófobas
Desde hace tiempo, en muchas ciudades, vienen actuando una serie de bandas xenófobas coincidiendo con el aumento de inmigrantes en nuestro país.
El Consejo de Europa ha calificado a España como “la zona donde más crecen las bandas neonazis”. Éstas, muchas veces vinculadas al mundo del fútbol, cargan contra las prostitutas, mendigos, inmigrantes, etc. Se calcula que actualmente, alrededor de 15.000 jóvenes, de entre 15 y 30 años, están enrolados en algún tipo de grupo violento.
Hay mucho desconocimiento sobre qué son y cómo actúan, y como disfrazan sus acciones, impiden que mucha gente perciba el peligro real que tienen. La utilización de la violencia como eje de su actuación es el rasgo más característico de la actuación de estas bandas (ya sean skinheat, hammersinkin, Blood&Honour, JNR, etc.), y lo que las diferencia de otros grupos fascistas o de extrema derecha.
Cuando atacan lo hacen siempre en grupo, contra personas aisladas o grupos en desventaja. Buscan los objetivos más fáciles.
A veces atacan a personas o grupos escogidos, pero otras veces al primero que se encuentran, o que les mira, o que viste de una manera que no les gusta, o a quien le resulta más fácil, etc.
Pueden atacar sin mediar palabra, pero a veces provocan primero, para poder decir que ha sido una pelea callejera, si les detienen o denuncian.
Pretenden crear “zonas francas” (bares, discotecas, plazas o calles), en las que atacan a cualquiera que les desagrade.
Cuando atacan lo suelen hacer a traición, por la espalda y en grupo. Utilizan de entrada una enorme violencia. Pelean siempre varios contra uno. Pegan a la gente en el suelo y buscan causar el mayor daño físico posible, con el mínimo coste para ellos... Huyen rápidamente....
No reivindican políticamente sus acciones, aunque a veces les delatan los insultos que lanzan en sus ataques.
La violencia que ejercen, aunque a simple vista pueda parece ciega e irracional, forma parte de una estrategia política a largo plazo. Con ella pretenden conseguir varios objetivos: Por un lado, es su principal arma de propaganda y les sirve también para atraer a sus bandas a adolescentes frustrados que se sienten superiores dentro de un grupo que intimida a los demás. Por otro, pretenden generar miedo entre los que consideran sus objetivos ridículos. (Inmigrantes, jóvenes de izquierda y otros colectivos). Y finalmente. Su actuación violenta está diseñada para contribuir a crear un clima de inseguridad general y de enfrentamientos, que les permita presentarse como la opción política que ofrece la restauración del orden (su "nuevo orden"). En nuestro país, esa violencia va dirigida principalmente hacia:
- Inmigrantes
- Jóvenes de izquierda
- Mendigos
- Prostitutas
- Travestis
- Toxicómanos
- Periodistas
- Homosexuales
- Discapacitados
- Ancianos
- Gitanos
- Nacionalistas vascos, catalanes...
- Hinchas de otros equipos
- Otros grupos ultras
Además de sus objetivos políticos, encuentran en la violencia que ejercen y en el miedo que provocan, una falsa salida al miedo que ellos mismos sienten ante la vida. Encuentran en la violencia y el odio una salida a sus frustraciones personales y sexuales, una falsa salida a sus propias cobardías, represiones e incertidumbres, una forma absurda de sentirse especiales e importantes... porque las comparten).
En los últimos años se han dado miles de agresiones, especialmente en Madrid, y la mayoría no han sido denunciadas por temor a posteriores represalias o por temor a la propia policía (sobre todo por parte de los inmigrantes sin papeles, los mendigos, los toxicómanos, etc.). En estas agresiones, intentos de asesinato y asesinatos, todos los muertos y heridos graves han sido siempre causados por los neonazis.
Por otro lado, lo más probable es que las acciones violentas de estos grupos crezcan, en la medida que les dejemos seguir manipulando la frustración de algunos jóvenes (especialmente los más incultos y menos cualificados, a los que pueden hacer creer que la culpa de su situación es de los inmigrantes).
Las bandas neonazis se organizan como sectas:
- En ellas hay un líder, que suele ser el de más edad, al que profesan obediencia y rinden todo tipo de entregas.
- Se rodean de secretismo, símbolos y claves, que les hacen sentirse "especiales" y superiores.
- Reclutan adolescentes de entre 13 y 15 años, a los que manejan y utilizan en sus ataques (o se los achacan) porque, al ser menores, sus delitos tienen menos complicaciones legales.
- Comen el coco a los más jóvenes y ahondan las diferencias con sus padres, familiares y profesores, a la vez que les incitan a disimular delante de ellos y a engañarlos.
- Se infiltran en los clubes deportivos (especialmente de fútbol) y en las peñas festivas.
- Amenazan, extorsionan y persiguen a quienes intentan abandonar el grupo por considerarlos traidores. Es difícil salir impunemente de una secta nazi, pues la "iniciación" a la que son sometidos consiste en implicarlos en acciones ilegales, para hacerles cómplices y chantagearlos si lo consideran necesario.
Esta es una lacra más de nuestra sociedad moderna, que tendria que ser erradicada porque genera verdadero terror en un sector de la población, que tiene los mismos derechos que los que no estamos incluidos en sus listas negras.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Violencia contra los homosexuales


¿57 puñaladas en defensa propia?
No se puede negar que la homofobia en la actualidad, es una forma de rechazo a los homosexuales, que con libertad (como debe ser), ejercen sus opciones sociales sin más trabas que las que pone el entorno.
Si miramos en la Historia, la homosexualidad era algo normal en la antigua Grecia, donde se consideraba normal que un muchacho en la pubertad se entregara a un hombre de mas edad, el cual se ocupaba de la educación política, social, científica y moral del amado.
También es destacable que la homosexualidad femenina no estaba bien vista; la máxima griega era, a este respecto, que "la mujer era para la reproducción, pero el hombre para el placer".
En la antigua Roma, si bien algunos autores como Tácito o Suetonio contemplaban la homosexualidad como un signo de degeneración moral e incluso de decadencia cívica, era relativamente frecuente que un hombre penetrara a un esclavo o a un joven, mientras que lo contrario era considerado una desgracia.
La persecución de la homosexualidad por la Iglesia Católica fue constante a lo largo de la Edad Media, si bien la sodomía era una acusación útil que a veces se unía, y no siempre se distinguía, de la de herejía, lo que hace francamente difícil cualquier análisis.
Durante los siglos V al XVIII, la tortura y la pena capital, generalmente en la hoguera, eran los suplicios a los que se condenaba en la mayor parte de Europa a los homosexuales.
Durante la época nazi, se consideró a la homosexualidad una inferioridad y un defecto genético, por lo que se aplicó un artículo de una ley del código penal alemán de 1871. Se trataba del párrafo 175 que decía: "Un acto sexual antinatural cometido entre personas de sexo masculino o de humanos con animales es punible con prisión. También se puede disponer la pérdida de sus derechos civiles."
En la actualidad, muchas sociedades, han dedicado esfuerzos en la lucha contra la homofobia, reconociendo los mismos derechos a los homosexuales como a los heterosexuales. Me refiero a la normalización del matrimonio, adopción de hijos, y todos los derechos adquiridos mediante su convivencia.
Hasta aquí todo correcto. Pero veamos como ha respondido la "sociedad" a este hecho.
En pleno siglo XXI, influenciados por la Religión, las costumbres ancestrales, la poca amplitud de miras, una gran mayoría de personas, ven como aberrante la unión de dos personas del mismo sexo, y desatan sus propias frustraciones contra el colectivo homosexual.
Tampoco ha ayudado a su normalización el gran despliegue mediático de personajes, que hacen de su homosexualidad, de forma morbosa, su "modus vivendi". De todos es conocido, que muchos programas televisivos, han utilizado a personajes como "figura mediática" para obtener beneficios en "razón de la audiencia", por sus escándalos y exhibicionismo público en programas de gran audiencia.
Pero de aquí a justificar el asesinato, hay un largo trecho.
Veamos la noticia:
"Ocurrió hace dos años y medio, un 12 de julio. Esa mañana Jacobo Piñeiro llegó a la ciudad desde Cangas, donde residía, para pasar un día de juerga en el Strong, uno de los after más radicales del centro. Había consumido "varios gramos de cocaína y cubatas de whisky". Allí conoció a un camarero, Isaac Pérez, con quien se iría sobre las cuatro de la tarde hacia su piso. Isaac, de 27 años, vivía con el brasileño Julio Anderson Luciano, de 32. En la vivienda, Isaac y Jacobo se encerraron en una habitación toda la tarde y siguieron consumiendo coca. Julio se presentó sobre las nueve y media con más amigos, que se marcharon sobre la una y media.
Jacobo asegura que Isaac se le presentó a las cuatro de la madrugada, desnudo, con la intención de acostarse con él y que él lo rechazó. Ante la negativa, "volvió con un cuchillo y se abalanzó sobre mí", dijo durante el juicio para justificar que actuó en defensa propia. Según su versión, le quitó el arma y le propinó las dos primeras puñaladas en el vientre y en el hombro. Después vendrían otras 33. Su compañero corrió suerte parecida. Recibió 22 puñaladas, algunas por la espalda, "la mayoría innecesarias para la consecución de su muerte, aumentando deliberada e inhumanamente su sufrimiento", según consta en el escrito de la fiscalía. Isaac en un momento intentó encerrarse en su habitación para llamar a la policía. No pudo. El ahora absuelto dio una patada en la puerta y le quitó el móvil antes de apuñalarlo repetidamente en la cara.
Una vez muertos, Jacobo permaneció en la vivienda hasta las nueve de la mañana buscando algo con que prender fuego. Se duchó y tapó sus heridas con una bolsa -tenía un corte en la palma de una mano, una brecha superficial en la cabeza y otra en las piernas-. Cerró las ventanas, abrió el gas, plantó cinco focos, [dos de ellos encima de los cadáveres] y se fue. No sin antes llevarse en una maleta todo lo que encontró de valor. Para el Fiscal y la acusación particular, todo fue "pensado y calculado fríamente" con el propósito "de hacer creer que sus víctimas habían sido objeto de un robo violento".
Estos fueron los hechos, aunque sean lamentables, peor lo son los resultados del juicio. Suenan a una nueva Inquisición, cuando todos somos iguales ante la Ley, sin discriminación de raza, sexo, religión y creencias.
A veces asquea ver la reacción de la gente frente a estas situaciones. Los que no pensamos igual, tal vez un dia seremos perseguidos por estos personajes que "siguen viviendo" en la Edad Media. Ya solo nos queda esperar ver como queman en la hoguera en la Plaza Mayor a los homosexuales, como si de "antiguas brujas" se tratara, y lo peor será, que cientos de personas irían a verlo, como si de un "circo Romano" se tratara.
Para acabar, aunque no sea homosexual, solo me queda animar a este colectivo, para que no dejen de luchar por sus derechos, y que sepan, que no todos los ciudadanos somos homófobos y que estamos mano a mano y hombro por hombro dispuestos a educar a nuestros hijos a respetar todas las tendencias para que en un futuro próximo, no tengamos que lamentar hechos como el que hoy valoramos.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Las raíces de la homofobia en América Latina




Luiz Mott*
En la América hispana se instalaron tribunales de la Inquisición en México, Perú y Colombia. En Brasil, visitadores y familiares del Santo Oficio hacían inspecciones regulares a la colonia, denunciando y apresando a los sodomitas. El abominable y nefasto crimen de la sodomía era uno de los pocos crímenes que las primeras autoridades de Brasil tenían autoridad para castigar con la pena de muerte sin necesidad de consulta previa con el rey de Portugal.
La homofobia en la América Latina contemporánea tiene sus raíces más profundas en el machismo ibérico, cuyo basamento ideológico se inspiró en los tratados de teología moral de la época de la conquista que declaraban: “de todos los pecados, la sodomía es el más torpe, sucio y deshonesto, y no se encuentra otro más aborrecido por Dios y por el mundo. Por este pecado lanzó Dios el diluvio sobre la tierra y por este pecado destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra; por causa de la sodomía fue destruida la Orden de los Templarios por toda la Cristiandad en su día. Por lo tanto, mandamos que todo hombre que cometa ese pecado, sea quemado y convertido en polvo por el fuego, para que ya nunca de su cuerpo y sepultura se tenga memoria”. Los homosexuales eran perseguidos por tres tribunales: la Justicia Real, la Santa Inquisición y el Foro Episcopal.
Al desembarcar en el Nuevo Mundo, los europeos encontraron una gran diversidad de pueblos y civilizaciones, cuyas prácticas sexuales diferían en gran medida de la matriz cultural judeo-cristiana, siendo algunas diametralmente opuestas en cuanto a la desnudez, la honra, la virginidad, el incesto, la poligamia, el divorcio y sobre todo, la homosexualidad, el travestismo y la transexualidad. Ya en 1514 se divulga en la Historia General y Natural de las Indias, que el gusto por el vicio nefasto se encontraba presente en todo el Caribe y en los territorios de Tierra Firme.
Los conquistadores se escandalizaron profundamente al encontrarse con esculturas e ídolos venerados por los pueblos amerindios que mostraban en forma explícita relaciones homoeróticas. En México, América Central, América del Sur –tanto en los Andes como en la Amazonia–, se dio la misma constatación: “muchos indios e indias son sodomitas”. Diversos cronistas asociaron la sodomía a la falta de piedad religiosa: “como no conocen al verdadero Dios y Señor, cometen gravísimos pecados de idolatría, sacrificio de hombres vivos, ingesta de carne humana, conversaciones con el diablo, sodomías, etcétera”.
Pero no todas las culturas amerindias, sin embargo, estaban a favor del amor entre personas del mismo sexo. Entre los pueblos mayas y aztecas, según los cronistas franciscanos, “la sodomía pasiva es abominable, nefasta y detestable, digna de desprecio y de risa por parte de las gentes”. Llama la atención la contradicción observable en estas civilizaciones precolombinas que, por un lado, cuentan con una mitología extremadamente dionisíaca, que valora incluso el hermafroditismo y la homosexualidad, y por otro, muestran prácticas morales a veces bastante represivas, de tipo apolíneo, aplicando incluso la pena de muerte a ciertos casos de homoerotismo.
Lo que no niega la información aportada por el precursor de los estudios sobre homosexualidad en el Nuevo Mundo, el venezolano Antonio Raquena, que en un trabajo con fecha de 1945 señala: “Aceptada o rechazada, honrada o severamente castigada, según la nación donde se la practicaba, la homosexualidad estaba presente desde el estrecho de Bering hasta el de Magallanes”.
1513 puede ser considerada la fecha inaugural de la intolerancia homofóbica en el Nuevo Mundo: el conquistador Vasco Balboa, al encontrar un numeroso séquito de indios homosexuales en el istmo de Panamá, apresó a 40 de ellos y los entregó a perros feroces para que los devoraran, conforme narra Pietro Martire y lo retrata un dramático grabado de la época.
1548 es la fecha en que se registra la primera persecución institucional contra europeos homosexuales: en Guatemala van presos siete sodomitas, siendo cuatro de ellos clérigos y tres legos. Al ser llevados para la hoguera, lograron eludir la pena capital debido a un disturbio que tuvo lugar entre la población.
De 1549 data la noticia del primer sodomita público y notorio que fue desterrado a las Américas. Se trata de un joven portugués, Estevao Redondo, que fuera criado del gobernador de Lisboa y condenado al exilio perpetuo en el nordeste de Brasil.
En 1571 se instalan Tribunales de la Santa Inquisición en México y Perú, y en 1610 en Cartagena de Indias, litoral de Colombia. En la América hispana, a diferencia de lo que ocurría en la América portuguesa, el Santo Oficio no tenía autorización para perseguir el pecado de sodomía, correspondiéndole a la justicia real y al obispo la represión a los/as practicantes del amor que no osaba decir su nombre.
En Brasil, entre 1591 y 1620, 44 hombres y mujeres fueron acusados/as y procesados/as por sodomía, llegándose a fines del siglo XVIII a un total de 283 denuncias de luso-brasileños/as por el pecado mayor, muchos de ellos condenados a remar en las galeras del rey o desterrados a áreas remotas de África e India. De las 29 lesbianas denunciadas por tales en el Brasil colonial, 5 recibieron penas pecuniarias y espirituales, 3 fueron desterradas y 2 condenadas a azotes en público. La más famosa, Felipa de Souza, dio su nombre al premio internacional más importante de derechos humanos homosexuales, iniciativa de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos para Gays y Lesbianas. En 1646, el lesbianismo fue despenalizado por la Inquisición, pasando las lesbianas a ser perseguidas por la justicia real y episcopal.
Hay documentos que prueban dos ejecuciones de homosexuales en la historia de Brasil: en 1613, en Sao Luis do Maranhao, por orden de los invasores franceses, instigados por los misioneros capuchinos, un indio tupinambá, públicamente insultado y reconocido como tibira (sodomita pasivo), fue amarrado a la boca de un cañón, siendo su cuerpo despedazado al salir la bala, “para purificar a la tierra de sus maldades”. En 1678, se ejecutó a un segundo mártir homosexual en la capitanía de Sergipe: un joven negro, esclavo, “fue muerto a azotes por haber cometido el pecado de sodomía”.
México lideró la persecución a sodomitas en América Latina durante el período colonial: en 1658 fueron denunciados 123 sodomitas en la ciudad de México y sus alrededores, 19 de ellos fueron presos y 14 quemados en la hoguera. Uno de ellos logró eludir la hoguera por ser menor de 15 años, recibiendo, pese a todo, 200 azotes y 6 años de trabajos forzados como castigo. En 1673, hubo otro progrom: siete mulatos, negros y mestizos fueron quemados en Mixoac.
Con el fin de las inquisiciones portuguesa y española, también en América Latina se extinguieron los Tribunales del Santo Oficio en 1820 en Perú y México, en 1821 en Cartagena y Brasil. Se extingue así ese Monstrum Horribilem pero, desgraciadamente, como las mentalidades no se cambian por decreto, hasta hoy persiste en América Latina el fantasma de la inquisición no sólo en la ideología moralista e intolerante sino también en la composición de las elites locales, cuyas capas más tradicionales en muchas zonas descienden aun hoy en día, directamente, de los terribles familiares y comisarios del Santo Oficio.
Por inspiración modernizadora del Código Napoleónico, la sodomía fue despenalizada en la mayor parte de los nuevos países latinoamericanos, dejando de estar incluida en los respectivos Códigos Penales, pero siguió persistiendo durante todo el siglo XIX el fuerte prejuicio y discriminación sobre todo contra los “pasivos”. Bajo acusaciones de atentado al pudor y ejercicio de la prostitución, e incluso alegando falsedad ideológica en el caso de las travestis, un número incontable de homosexuales siguieron siendo chantajeados, encarcelados y torturados por los agentes del nuevo orden policial. Pasaron de las garras de la Inquisición a las comisarías. A pesar de que muchos médicos y científicos demostraron su buena intención de retirar a las mujeres y hombres “invertidos” de las comisarías y prisiones, para intentar su “cura” en consultorios y clínicas, en su condición de perros guardianes de la moral oficial, adoptaron a veces formas modernas de violencia, torturando a indefensas mariquitas con terapias dolorosísimas que llegaron a incluir descargas eléctricas, dosis enormes de hormonas y peligrosos productos químicos, incluyendo transplantes de testículos de monos.
En el siglo XX, el suicidio, la total clandestinidad, la baja autoestima, la marginalidad, los asesinatos, pasaron a ser el pan de cada día de millones de gays, lesbianas y transgéneros en América Latina, rechazados por sus familias, humillados en las calles, impedidos de acceder al trabajo. Investigaciones realizadas en Brasil, país que debe albergar a más de 17 millones de homosexuales, revelan que de todas las minorías sociales, gays y lesbianas constituyen la más odiada, observándose un continum que va del insulto verbal al trato humillante en los medios de comunicación, la violencia física en las calles, las detenciones arbitrarias, los asesinatos. En México, hasta hoy a los gays se los llama “cuarenta y uno”, en recuerdo de los 41 maricones presos en una sola noche en 1901, que fueron sometidos a castigos humillantes, obligados a barrer las calles de la capital y a lavar las letrinas públicas.
Según la Spartacus Gay Guide, hay áreas de levante, bares y establecimientos comerciales afines o abiertamente frecuentados por la población GLT en todos los 41 países de América Latina y el Caribe. Pese a todo, sólo en la mitad de ellos se tiene noticias de la existencia intermitente de uno o más grupos de defensa de los derechos homosexuales.
Pese a la gran diversidad socioeconómica y cultural de estos países, algunos fuertemente marcados por la herencia indígena, otros con gran influencia de la cultura africana, unos pocos con tradición ibérica más acentuada, América Latina como un todo se caracteriza por la extrema virulencia del machismo y la homofobia, que reforzados por el omnipresente control familiar de inspiración cristiana y las grandes dificultades que la independencia económica presenta para los jóvenes, hacen que la suma de estos factores inhiba el proceso de comino out en los jóvenes, explicando en parte el reducido tamaño y breve duración de los grupos de militancia homosexual. Desprecio social, humillación pública y persecuciones policiales, hacen parte del cotidiano de los homosexuales latinoamericanos de norte a sur, a tal punto que se acostumbra decir que “hay que ser muy macho para ser gay en América Latina”.
El término marica y sus variantes regionales, se usa en todo el mundo latinoamericano, incluso en Brasil, como uno de los insultos más frecuentes contra los homosexuales. La misma hostilidad recae sobre las lesbianas, que sufren grave violencia por parte de sus familias, ex-amantes o compañeros, inspirados por la ideología lesbofóbica y misógina que interpreta y trata el lesbianismo como ultraje y amenaza a la hegemonía machista.
Dentro de los países de esta región, Cuba se destacó en la década del 60 por la violencia con que persiguió, apresó y obligó a exiliarse a centenares de homosexuales, identificando la homosexualidad con la decadencia capitalista. Libros y películas como Fresa y Chocolate, de Tomás Alea Gutiérrez y Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, revelan la intolerancia homofóbica de un período que felizmente está siendo superado. Aunque no se tienen noticias de movimiento homosexual organizado en la isla de Fidel, se sabe que dentro de las estructuras propias de los comités vecinales, lesbianas y gays discuten sus reivindicaciones teniendo buena acogida por parte de la comunidad. Prueba de esta nueva postura oficial de respeto a la orientación sexual y a los roles de género se ha puesto de manifiesta en la ONU, cuando en la Conferencia sobre la Mujer realizada en Beijing, Cuba fue el único país latinoamericano que defendió todas las referencias antidiscriminatorias basadas en la orientación sexual.
Pese a la generalizada ideología fuertemente marcada por el machismo, que redunda en prácticas homofóbicas violentas y discriminatorias, en 1969 se fundó en Argentina el primer grupo de defensa de los derechos humanos en América Latina, que a partir de 1971 fue conocido Frente de Liberación Homosexual. En 1978 se fundaron grupos gays en México y Brasil, y en la década del 80 en Perú, Colombia y Venezuela. En los años 90 el movimiento GLT se organiza en Chile, Uruguay, Puerto Rico y Jamaica.
Hasta mediados de los años 90, la homosexualidad seguía siendo considerada un delito en Chile, Ecuador, Cuba, Nicaragua y Puerto Rico. A comienzos del siglo XXI todavía persisten leyes contra la sodomía en dos países: Puerto Rico y Nicaragua. Ecuador es un bello ejemplo: saltó de la edad de las cavernas a la modernidad, volviéndose el segundo país del mundo después de África del Sur que incluyó en su Constitución la prohibición de discriminar por orientación sexual. En la década del 90 se aprobaron diversas leyes a favor de la libre orientación sexual: en más de 70 municipios del Brasil; y en Buenos Aires y Rosario, de Argentina. También en el estado de Aguascalientes y en el Distrito Federal de México, donde una diputada abiertamente lesbiana ocupa un curul en la Legislatura. Manifestaciones masivas se han realizado en diversas capitales del continente, en ocasión de las celebraciones del orgullo gay, destacándose la de Sao Paulo que en 2001 reunió a más de 200 mil participantes.
Persiste, sin embargo, en todos los países latinoamericanos y caribeños, legislación moralista represiva, que generalmente se aplica con mayor rigor y de forma discriminatoria contra los homosexuales, considerándose la homosexualidad como agravante en la corrupción de menores, reprimiéndose el travestismo como atentado contra el pudor o identidad falsa, excluyéndose legalmente a gays y lesbianas del acceso a la unión civil, en la medida en que los códigos civiles y constituciones de los diversos países restringen el casamiento o el reconocimiento como familia e inclusive el concubinato, a las parejas de sexos opuestos.
Como consecuencia del pasado colonial y del esclavismo, una característica significativa observada en la mayor parte de los países latinoamericanos y caribeños es el alto grado de violencia física y opresión moral que se ejerce contra travestis, gays y lesbianas. En Brasil se repite de norte a sur el mandato “viado (pédé) tem que morrer!” y en todo el continente padres y madres dicen públicamente que preferirían tener un hijo ladrón o una hija prostituta antes que un gay o una lesbiana. Los obispos de la iglesia católica y, últimamente y con mayor rencor, los integrantes de las iglesias protestantes fundamentalistas, atacan gravemente a los homosexuales en los medios y en los púlpitos, censurando las campañas de prevención del Sida para gays y obstaculizando la legislación de unión civil para personas del mismo sexo. Esas mismas sectas patrocinan clínicas de cura para homosexuales. En el Caribe angloparlante persisten las leyes colonias antisodomía, que han redundado inclusive, en los últimos años, en medidas extremas de homofobia, como el impedir que desembarcaran los pasajeros gays que participaban de un crucero por esa región.
Aún más graves son los crímenes homofóbicos: la prensa internacional constantemente ha denunciado el asesinato brutal de gays y travestis en casi todos los países de la región, crímenes que exhiben rasgos de crueldad y son objeto de una impunidad repugnante. Muchos de esos homicidios tienen como autores a escuadrones de la muerte, la propia policía y, recientemente, grupos neonazis.
Pese a la inexistencia de estadísticas policiales sobre crímenes de odio en la región, disponemos de información bastante fidedigna sobre crímenes homofóbicos documentados en los dos países más grandes de América Latina: en México, según la Comisión Ciudadana de Crímenes de Odio por Homofobia, fueron asesinados 213 homosexuales en el período 1995/2000, calculándose que el número real debe ser tres veces más alto. Para Brasil, de acuerdo con los registros del Grupo Gay da Bahía, se han documentado 1960 asesinatos en el período 1980-2000, 69% de gays, 29% de travestís y 2% de lesbianas, lo que da un promedio de un homicidio cada dos días.
En números absolutos y relativos, no cabe duda que es en América Latina y el Caribe donde ocurre el mayor número de crímenes homofóbicos del mundo. Un triste liderazgo para un continente tan cordial con los turistas y con la alegría de vida y la exhuberancia de la cultura homosexual como marcas registradas de la región.
Bibliografía sobre Homofobia en América Latina:
Comisión Ciudadana de Crímenes de Odio por Homofobia, Reporte de Crímenes 2000, México, 2001.
ICCHRLA. La Violencia al Descubierto: Represión contra Lesbianas y Homosexuales en América Latina. Toronto, 1996.
Mott, Luiz & Cerqueira, Marcelo. Causa Mortis: Homofobia. Salvador, Editora Grupo Gay da Bahia, 2001.
Mott, Luiz. Epidemic of Hate: Violation of Human Rights of Gay Men, Lesbians and Transvestites in Brazil. S.Francisco, IGLRHC, 1996.
Ordóñez, Juan P. Ningún Ser Humano es Desechable: Limpieza Social, Derechos Humanos y Orientación Sexual en Colombia. San Francisco, IGLRHC, 1995.
Young, Allen. Gays Under the Cuba Revolution. San Francisco, Gay Fox Press, 1981.
* Doctor en Antropología, profesor de la Universidad Federal de Bahía, fundador y presidente del Grupo Gay da Bahía y del Centro Bahiano Anti-Aids. Es autor de 15 libros y más de 200 artículos sobre historia de la homoexualidad, inquisición y Sida, entre ellos:
Lesbianismo no Brasil. Porto Alegre, Editora Mercado Aberto, 1987.
Escravidão, Homossexualidade e Demonologia. S.Paulo, Editora Icone, 1988.
Sexo Proibido: Virgens, Gays e Escravos nas garras da Inquisição. Campinas Editora Papirus, 1989.
“Brasil” , Encyclopedia of Homosexuality, New York, Garland University Press, 1990.
“Ethno-histoire de l’homossexualité em Amérique Latine”, in Pour l’histoire du Brésil. Crouzet, François (Ed), Paris, L’Harmattan, 2000, p. 285-303.
Fuente: Argentina Indymedia.
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Comisión Internacional de Juristas
Comisión para la defensa de los Derechos Humanos en Centro América
Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer
Comité Internacional de la Cruz Roja
Conecta Sur
Consejo de Derechos Humanos
Convención Europea de Derechos Humanos
Corte Interamericana de Derechos Humanos
Coordinadora Contra la Represión Institucional y Policial
Corte Internacional de Justicia
Derechos Human Rights
Diakonia
ECPAT Internacional
Federación Iberoamericana del Ombudsman
Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
Fondo de Población de Naciones Unidas
Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe
Fundación Rigoberta Menchu Tum
HelpAge Internacional
Human Rights Watch
Instituto Interamericano de Derechos Humanos
Instituto Interamericano del Niño.
Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente
Plataforma de Información del Pueblo Indio
Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo
Programa de Acción Mundial para los Impedidos
Proyecto Desaparecidos
Red Latino Americana y Caribeña por la defensa de los Derechos de los niños, niñas y adolescentes
Save the Children
Tribunal Europeo de Derechos Humanos
Unión Europea, Derechos Humanos y Democracia
